0 views
|
0 likes
En los pasillos del colegio, la morrita colegiala se movía con una confianza que desarmaba a todos. Con su culote de infarto que no dejaba nada a la imaginación, cada paso que daba era un espectáculo de tentación. «Mira, ¿te gusta?» preguntó con una sonrisa coqueta, mientras se giraba ligeramente, mostrando sus curvas perfectamente delineadas. Los susurros y las miradas de sus compañeros la seguían, hipnotizados por su presencia. «Mmm, sí, así,» murmuró uno de ellos, su voz ronca de deseo, mientras ella pasaba a su lado, rozándolo con su cuerpo. La morrita, consciente del efecto que causaba, continuó su camino, su culote resaltando cada movimiento, cada curva, invitando a la exploración. «Te están mirando, ¿lo sabías?» susurró una amiga, con una risita. «Lo sé,» respondió, su voz teñida de orgullo, mientras se dirigía a su próxima clase, sabiendo que su presencia era un recordatorio constante de su poder y su deseo.
