al inicio le dice la jovencita que le duele pero despues lo disfruta como una perra loca

Al principio, la jovencita se queja con un gemido ahogado. «Ay, duele», susurra, su ceño fruncido mientras siente cómo se abre lentamente a mi polla. Sus manos empujan mi cadera, un gesto de resistencia que me excita aún más. Pero insisto, hundiéndome poco a poco hasta que estoy todo dentro. Entonces, algo cambia. El dolor se transforma en un placer profundo y primal. Su quejido se convierte en un gruñido, y sus manos, de empujar, pasan a agarrarme con desesperación. Empieza a moverme ella, devorándome, lamiéndome el cuello, montándome como una perra loca en celo, perdida en una orgía de sensaciones que ya no quiere que termine.

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