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La amiga estaba bien peda, ya ni sabía dónde estaba. En cuanto se tiró en el sofá, los dos nos echamos encima como buitres. Le subimos la falda y le bajamos el calzon, y ella ni cuenta se daba, solo soltaba unos gemidos de borracha. Mientras uno se la metía por la panocha, el otro le llenaba la boca de verga. La muy perrita se dejaba hacer todo, con los ojos en blanco, moviendo el culo al ritmo que le dábamos. La partíamos por ambos lados, sin misericordia, mientras ella solo gimió, sintiendo cómo dos vergas la llenaban a la vez, hasta que la dejamos bañada en leche, bien usada y sin saber qué le pasó.












