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Estaba en el baño del mercado, meando tranquilo, cuando entró la señora. Una cuarentona con un culo que no miente, me dio el ojo y se pasó la mano por sus nalgas. Ni tardo ni perezoso, le seguí la corriente. Se metió al cubículo y yo detrás. Cerré la cerradura y ya la tenía contra la pared, con la falda levantada y el calzoncito corrido. Se agachó y me la chupó con una hambre de la fregada, mojándome toda la verga. La paré, la di vuelta y me la clavé de un solo por ese culote. La muy perrita gimió como una adolescente, moviendo ese culo mientras la partía sin misericordia, hasta que le vacié toda la leche adentro.


















