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Un par de compas bien pedos se echaron unas cervezas en el hotelito de Huatulco y la calentura les ganó. Sin pensarlo dos veces, se aventaron a la acción bajo las sábanas, sin importarles nada más que las ganas de coger. Los cuerpos sudorosos se entrelazaban con lujuria en medio de gemidos y susurros excitados. Uno de ellos agarrando las nalgas con fuerza, mientras el otro exploraba cada rincón de su amigo con deseo desenfrenado. La habitación se llenaba de vapor y gemidos, mientras la pasión los consumía sin piedad. Con cada embestida, los gritos de placer aumentaban, haciendo temblar las paredes del cuarto. Una noche de amistad y deseo desenfrenado, donde las inhibiciones quedaron atrás y la lujuria los llevó al éxtasis más salvaje.


















