La morrita recibe brutal anal de infarto

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La morrita, una colegiala putita de dieciocho años, estaba lista para recibir el brutal anal que le prometió su vecino vergón. Con su minifalda corta y ajustada, dejaba al descubierto sus nalgas apetitosas y sus muslos llenos de deseo. El sudor empezó a brotar de su piel mientras esperaba ansiosa a que aquel macho alfa la penetrara sin piedad.

«¿Estás lista para que te rompa el culo, zorrita?» le susurró él al oído, con una sonrisa malévola en el rostro. La morrita, con los ojos brillando de lujuria, asintió con la cabeza y se arrodilló frente a su vecino, listo para lo que sea.

Él le levantó la falda con brusquedad, revelando su tanga diminuta que apenas cubría su concha empapada de excitación. Sin mediar palabra, la tomó del cabello y la empujó hacia abajo, obligándola a comenzar a mamar su pija dura como una roca.

«¡Chupa mi verga, putita! ¡Traga toda mi leche, te lo ordeno!» gritó el vecino mientras la morrita se atragantaba con su miembro, sintiendo cómo las lágrimas brotaban de sus ojos. El sabor salado del sudor y la excitación inundaban su boca.

Después de un rato de mamadas profundas y violentas, el vecino apartó a la morrita y la tiró sobre la cama con fuerza. Sin darle tiempo a reaccionar, la penetró de golpe con su verga, haciéndola gemir de dolor y placer al mismo tiempo.

«¡Sí, sí, sí! ¡Coge mi culo con fuerza, métemela hasta el fondo!» gritaba la morrita, mientras sus tetas rebotaban salvajemente con cada embestida. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba en la habitación, mezclado con gemidos y gruñidos de pura lujuria.

El vecino seguía culeando sin piedad a la morrita, disfrutando de cada segundo de aquella cogida anal brutal. Sus cuerpos estaban cubiertos de sudor, la habitación impregnada de un olor a sexo puro y sucio que los enloquecía aún más.

«¡Voy a venirme en tu culo, perra! ¡Prepárate para sentir mi semen caliente dentro de ti!» exclamó el vecino, aumentando el ritmo de sus embestidas hasta el límite. La morrita, sintiendo el orgasmo acercarse, gimió de placer y dolor, alcanzando el éxtasis más salvaje de su vida.

Con un último empujón, el vecino se dejó llevar por la pasión y vació todo su semen dentro del culo de la morrita, sintiendo cómo su leche caliente llenaba cada rincón de su interior. Ambos jadeaban agotados, sudorosos y completamente satisfechos.

Después de un rato de descanso, el vecino se levantó y se vistió rápidamente, dejando a la morrita tendida en la cama con su culo aún palpitando por la cogida brutal que acababa de recibir.

«Eso fue solo el comienzo, puta. Nos vemos mañana para más sexo sucio y desenfrenado» dijo el vecino antes de salir de la habitación, dejando a la morrita con una sonrisa de satisfacción en el rostro, deseando que llegara el día siguiente para repetir la experiencia.