La morrita le da placer oral y luego se satisface a sí misma

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La morrita, con su faldita corta y ajustada, se acerca al tío caliente que ansía su cuerpo. Él la mira con deseo, con una mano en la verga durísima y la otra listo para agarrarla como un animal en celo. La morrita sonríe con malicia y se arrodilla, desabrochando sus pantalones con rapidez y sacando esa verga venosa y palpitante que tanto deseaba chupar.

—Mmm, qué buena pija tienes, ¿verdad? —dice ella con voz ronca y mirando directo a los ojos del tío—. Voy a mamarla como la puta que soy.

La morrita comienza a mamársela con ansias, tragándosela hasta la garganta, sintiendo el olor a sudor y deseo que emana de él. El tío gime de placer, agarrando con fuerza su cabello y empujando su cabeza contra su verga, culeándole la boca sin piedad.

Los gemidos se escuchan por toda la habitación, mezclados con el sonido húmedo de la mamada brutal que le está dando la morrita. La saliva brota de su boca y cae por su mentón, mojando la pija del tío que no puede contenerse más. Saca su verga de la boca de la morrita y la mira con deseo lujurioso.

—Ahora me toca a mí darte placer, putita —exclama el tío mientras agarra a la morrita y la tira sobre la cama, levantándole la faldita y dejando al descubierto su concha húmeda y lista para ser cogida—. Te voy a hacer gozar como nunca.

El tío se arrodilla entre las piernas de la morrita y comienza a comerle la concha con voracidad, lamiendo sus labios mojados y jugosos, metiendo su lengua dentro de ella y saboreando sus jugos más íntimos. La morrita gime de placer, arqueando la espalda y apretando las sábanas con fuerza.

—Sí, sí, dame más, cógeme con tu lengua, cabrón —grita la morrita, retorciéndose de placer bajo las caricias expertas del tío—. Quiero sentirte dentro de mí, quiero que me hagas acabar una y otra vez.

El tío se levanta, saca su verga dura y la introduce con fuerza en la concha de la morrita, que gime de placer al sentirse completamente llena y poseída por él. La embiste con fuerza, culeándola sin piedad, sintiendo cómo sus tetas rebotan con cada embestida.

Los gemidos se vuelven más intensos, la morrita grita de placer, pidiendo más y más verga, más y más culeada salvaje. El tío la agarra de las caderas y la embiste con más fuerza, sintiendo cómo su verga está a punto de explotar de tanto placer acumulado.

—¡Me vengo, puta, me vengo! —grita el tío, sacando su verga de la concha de la morrita y eyaculando sobre su cuerpo sudoroso y caliente, cubriéndola de semen caliente y viscoso.

La morrita sonríe con satisfacción, sintiéndose completamente satisfecha y llena de placer. Se lame los labios, saboreando el semen del tío, y luego se lleva la mano a su concha, masturbándose con fuerza y rapidez, gimiendo de placer mientras se da placer a sí misma.

—Mmm, qué rica cogida me diste, cabrón —dice la morrita con voz entrecortada por el placer—. Ahora déjame acabar yo también, déjame sentirme completa.

La morrita se retuerce de placer, metiéndose los dedos en la concha y frotándose el clítoris con fuerza, sintiendo cómo el orgasmo se acerca con rapidez. Gime y jadea, arqueando la espalda y apretando los dientes, hasta que finalmente llega al climax, corriéndose con fuerza y liberando todo el placer acumulado.

El tío la mira con deseo, excitado por verla acabar de esa manera tan salvaje y desenfrenada. Se acerca a ella, la besa con pasión y le susurra al oído:

—Eres una putita insaciable, pero me encanta. ¿Lista para más?