Resultó ser tan zorrita y provocativa la amiga de la prepa

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La amiga de la prepa resultó ser una zorrita de cuidado, siempre provocativa con sus mini shorts ajustados y sus tops que apenas cubrían sus tetas desbordantes. Desde que la conocí, no podía quitármela de la cabeza, imaginando cómo sería cogerme a esa puta en celo. La oportunidad se presentó en una fiesta improvisada, donde el alcohol y las ganas de verga nos llevaron a un cuarto aparte.

—¿Qué tienes en mente, cabrón? —me susurró la putita con una sonrisa pícara, acercándose a mí y rozando su culo contra mi verga dura.

Sin mediar palabra, la tomé de la cintura y la empujé contra la pared, besando su cuello con ansias mientras mis manos exploraban su cuerpo caliente y sudoroso. La zorra gemía y se retorcía de placer, deseando ser cogida como la puta que era.

—¡Métemela ya, cabrón! ¡Quiero sentir tu verga en mi concha mojada! —gritó la guarra, hambrienta de sexo y sin pudor alguno.

Desabroché su short y lo bajé lentamente, revelando unas nalgas carnosas y un culo apetitoso que pedía a gritos ser penetrado. Sin pensar dos veces, le arranqué la tanga y le di una nalgada fuerte que la hizo gemir de placer.

La zorrita se arrodilló frente a mí, ansiosa por mamar mi pija empalmada. Sin contenerse, se tragó cada centímetro de verga, chupando con avidez y mirándome a los ojos con lujuria desenfrenada. La saliva se desbordaba por sus labios, mezclándose con sus gemidos de puta en celo.

—¡Sí, así, sigue mamando, zorrita! ¡Traga toda mi pija como la puta que eres! —le ordené entre gemidos de placer, disfrutando de cada succión de su boca voraz.

La zorra se levantó y se inclinó sobre la cama, ofreciéndome su culo tentador y su concha empapada de deseo. Sin perder tiempo, la penetré con fuerza, sintiendo cómo mi verga se hundía en su interior caliente y apretado.

Los gemidos se intensificaron, el sonido de nuestros cuerpos chocando llenaba la habitación mientras seguíamos culeando sin freno. La zorra se retorcía de placer, pidiendo más verga y más cogidas sin parar.

Entre gemidos y gritos de lujuria, decidí llevar las cosas a otro nivel. Con cuidado, aparté su culo y comencé a lubricar su esfínter con mi saliva, preparándola para un sexo anal intenso y salvaje.

—¡Sí, métemela por el culo, cabrón! ¡Hazme tuya en cada agujero que tengo! ¡No pares! —imploraba la puta con voz ronca, entregándose por completo a la depravación del momento.

Con un empujón brusco, introduje mi verga en su ano estrecho y caliente, sintiendo el placer extremo de la sodomía desenfrenada. La zorra gritaba de dolor y placer, mezclando las sensaciones en una vorágine de deseo incontrolable.

Los fluidos se mezclaban, la saliva, el sudor y el semen se convertían en protagonistas de nuestra escena pornográfica, marcando cada embestida y cada gemido de placer absoluto. La zorrita se retorcía en éxtasis, disfrutando de la cogida anal como la puta insaciable que era.

Finalmente, llegamos juntos al clímax, con un grito de venida que inundó la habitación y nos dejó exhaustos y satisfechos. Caímos rendidos en la cama, envueltos en un mar de fluidos y placer, sabiendo que aquel encuentro había sido tan sucio y obsceno como esperábamos.