Le metí por el culito a mi amiga y quiere más

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La noche estaba caliente y llena de deseo. Habíamos estado viendo videos de jariosas porno toda la tarde, excitándonos más y más con cada gemido y cada penetración. Mi amiga y yo nos miramos con lujuria, sabiendo lo que queríamos hacer. Sin mediar palabra, nos lanzamos sobre el sofá, con la ropa barata volando en todas direcciones.

Le agarré las tetas con fuerza, sintiendo su pezón erecto entre mis dedos. Ella gemía como una zorra en celo, pidiendo más y más. Le bajé los pantalones de un tirón, dejando al descubierto su culo tentador y perfecto. No pude resistir la tentación y comencé a lamer su concha, sintiendo su sabor a excitación pura.

Ella se retorcía de placer, pidiendo que la cogiera con fuerza. Sin dudarlo, le clavé la verga hasta el fondo, sintiendo su calor envolviéndome. Sus gemidos se mezclaban con los míos, creando una sinfonía de lujuria y deseo. La embestía una y otra vez, sintiendo cómo se estremecía con cada embestida.

Después de un rato, decidimos cambiar de posición. Le pedí que se pusiera a cuatro patas, ofreciéndome su culo en toda su plenitud. Sin pensarlo dos veces, me lancé sobre ella, clavándole la pija en su ano apretado. Gritó de placer y dolor, pidiendo más. La embestí con furia, sintiendo cómo mi verga se hundía en lo más profundo de su ser.

Nuestros cuerpos sudorosos se movían en perfecta armonía, buscando el placer definitivo. Sentía cómo mi verga palpitaba de deseo, ansiosa por venirse dentro de ella. Seguí culeando sin descanso, sintiendo cómo el éxtasis se acercaba lentamente. Mis dedos se hundieron en sus caderas, marcando mi territorio con cada embestida.

Finalmente, llegó el momento tan esperado. Con un gruñido gutural, me vine dentro de su culo, sintiendo cómo mi semen la llenaba por completo. Ella gritó de placer, llegando al orgasmo junto conmigo. Nos quedamos ahí, unidos en un abrazo sudoroso, disfrutando del momento de éxtasis compartido.

Después de un rato, nos separamos y nos miramos con complicidad. Ambos sabíamos que esto no era suficiente, que queríamos más. Así que, sin dejar enfriar la pasión, nos lanzamos a explorar nuevos terrenos de placer.

Decidimos probar el sexo anal, una fantasía que nos había estado rondando la cabeza desde hace tiempo. Sin pensarlo dos veces, me arrodillé frente a ella y comencé a lamer su culo, preparándolo para la cogida que se avecinaba. Ella gemía de placer, pidiendo más y más.

Con cuidado, le fui introduciendo un dedo, sintiendo cómo se abría paso en su interior estrecho. Ella se retorcía de placer, pidiendo más. Sin más preámbulos, le clavé la pija en su ano, sintiendo cómo me envolvía en una mezcla de dolor y placer indescriptible.

La embestí con fuerza, sintiendo cómo su culo se contraía alrededor de mi verga. Sus gemidos se mezclaban con los míos, creando una sinfonía de placer y deseo. La cogida anal era brutal, sin concesiones, solo pura pasión desenfrenada.

Después de un rato, sentí cómo el éxtasis se acercaba nuevamente. Me vine dentro de su culo, sintiendo cómo mi semen la llenaba por completo. Ella gritó de placer, llegando al orgasmo en un torrente de gemidos y suspiros.

Nos quedamos ahí, unidos en un abrazo, disfrutando del placer compartido. Sabíamos que esta noche no sería la última, que teníamos mucho más por explorar juntos. Y así, entre gemidos y susurros, nos sumergimos en un mar de lujuria y deseo, dispuestos a descubrir todos los secretos del placer carnal.