La hermana de mi mejor amigo sabe cómo chuparla y quiere acción después

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La hermana de mi mejor amigo me estaba volviendo loco. Desde que la vi en una fiesta, con su minifalda ajustada y su escote pronunciado, no podía dejar de pensar en ella. Esa noche, cuando nos quedamos solos en la sala viendo una película, su mirada lasciva me lo dijo todo. Sabía que quería acción, y yo estaba dispuesto a dársela.

Era una chica atrevida, con un cuerpo de diosa y una actitud de zorra que me enloquecía. Se acercó a mí lentamente, con una sonrisa pícara en los labios, y sin mediar palabra, se arrodilló frente a mí. Sin decir nada más, desabrochó mi pantalón y sacó mi verga dura como una piedra.

Sin pensarlo dos veces, comenzó a chuparla con ansias, moviendo su lengua de arriba abajo y mirándome a los ojos con lujuria. Sus labios carnudos envolvían mi pija, succionándola con fuerza y haciéndome gemir de placer. Era una experta en mamadas, sabía cómo hacerme sentir en el paraíso.

Los gemidos se escapaban de mis labios involuntariamente, mientras ella seguía mamando con una destreza increíble. Podía sentir su saliva caliente recorriendo mi verga, lubricándola y haciendo que cada movimiento fuera más placentero. No podía creer lo que estaba sucediendo, la hermana de mi amigo era una puta de primer nivel.

Después de un rato, me detuvo bruscamente y se levantó, mirándome con una mezcla de deseo y determinación en sus ojos. «Ahora es mi turno», dijo con voz ronca, mientras se quitaba la ropa con rapidez. Su cuerpo desnudo era perfecto, con tetas grandes y firmes, un culo redondo y unas piernas interminables que invitaban al pecado.

No pude resistirme y me lancé sobre ella, cogiéndola con furia y pasión. La puse contra la pared y comencé a besar cada centímetro de su piel, saboreando su dulce perfume y sus fluidos que ya empezaban a fluir. Mis manos recorrían su espalda, apretando sus nalgas con fuerza, mientras ella gemía de placer.

La penetré con violencia, sintiendo cómo su concha ardiente envolvía mi verga con cada embestida. Los gritos de placer resonaban en la habitación, mezclándose con el sonido de nuestros cuerpos chocando con fuerza. Estábamos culeando como animales, sin control, entregados al deseo más salvaje.

Cada embestida era más intensa que la anterior, cada gemido más alto, más desgarrador. Sus uñas arañaban mi espalda, marcando mi piel con marcas de lujuria y deseo. Sabía que juntos alcanzaríamos el éxtasis más profundo, el orgasmo más intenso que hubiéramos experimentado.

Después de un rato de sexo desenfrenado, la puse a cuatro patas y comencé a penetrarla por el culo, sin contemplaciones. Su gemido se convirtió en un grito de placer, mezclado con un ligero dolor que la excitaba aún más. Estábamos disfrutando de una cogida anal salvaje, sin límites, sin tabúes.

Sentía cómo mi pija se hundía en lo más profundo de su culito apretado, provocando oleadas de placer indescriptible. Sus manos agarraban las sábanas con fuerza, su cuerpo se estremecía con cada embestida, sus gritos de placer llenaban la habitación. Estábamos en el punto de no retorno.

Finalmente, llegamos juntos al clímax, con un gemido unísono que resonó en toda la casa. Sentí cómo mi semen caliente se derramaba en su interior, llenándola por completo y haciéndonos vibrar de placer. Nos quedamos tendidos en la cama, exhaustos pero completamente satisfechos.

La hermana de mi mejor amigo sabía cómo chuparla y quería acción después. Y yo estaba más que dispuesto a dársela. Sabíamos que aquella noche sería solo el comienzo de una relación prohibida y llena de sexo desenfrenado. Nos miramos con complicidad, sabiendo que aquello sería nuestro sucio secreto, nuestra jariosas xxx realidad.