Así quieres que me toque, ¿verdad, putita? Te encanta que te trate como la zorra insaciable que eres. Desde el momento en que entramos a este cuarto de motel barato, sabía que sería una noche llena de jariosas desenfrenadas. No hay vuelta atrás.
Te veo ahí de rodillas, con esas tetas enormes a punto de explotar de lo caliente que estás. Sin decir una palabra, te ordeno que te desnudes lentamente mientras yo me desabrocho la bragueta, dejando al descubierto mi verga palpitante. Quiero que veas lo que te espera, nena.
Te acercas arrastrándote como la perra en celo que eres, ansiosa por sentir mi pija dentro de tu concha húmeda. No puedo resistirme más y te empujo contra la cama, abriéndote las piernas de par en par para admirar tu coño ansioso de ser cogido. Sin previo aviso, empiezo a lamer tu clítoris con intensidad, sintiendo tu cuerpo temblar de placer.
Escucho tus gemidos de éxtasis mientras tu mano busca mi verga, acariciándola con ansias de sentirte llena por completo. No te hago esperar más y te penetro con fuerza, sintiendo cada centímetro de mi pija entrar en tu coño apretado y mojado. Estamos culeando como animales en celo, sudorosos y desenfrenados, sin importarnos nada más que el placer mutuo.
Mientras te follo sin piedad, no dejo de mirar tus tetas rebotando con cada embestida, tentándome a chupar tus pezones duros como rocas. Sin pensarlo dos veces, me inclino y comienzo a mamar tus tetas con voracidad, sintiendo tu respiración agitada y tus uñas clavándose en mi espalda. Estamos en pleno acto de sexo salvaje, sin límites ni tabúes.
De repente, cambiamos de posición y te pido que te pongas en cuatro, ofreciéndome tu culo tentador para que lo penetre con fuerza. No te hago esperar y sin previo aviso, meto mi verga en tu ano apretado, sintiendo cómo tu cuerpo se estremece de placer y dolor a la vez. Estamos teniendo sexo anal como nunca antes, gemidos de dolor y placer se entremezclan en la habitación.
Luego de un rato de culeando tu culo sin piedad, siento que no puedo contener más mi venida. Te pido que te arrodilles frente a mí y abres la boca ansiosa, esperando recibir mi semen caliente. Con un gruñido animal, me corro en tu boca, sintiendo cómo tragas cada gota de mi leche caliente. Eres una verdadera puta, y me encanta.
Después de esta intensa cogida, nos tumbamos exhaustos en la cama, sudorosos y satisfechos. Aunque nuestras ropas están tiradas por el suelo y el olor a sexo impregna el ambiente, no podemos evitar sonreír satisfechos por la experiencia vivida. Esta noche será una que recordaremos por mucho tiempo.
Terminamos abrazados y desnudos, sintiendo cómo nuestros cuerpos se enfrían lentamente después del calor del momento. Sin duda, esta sesión de sexo desenfrenado quedará grabada en nuestra memoria como una de las más jariosas que hemos tenido. Y todo gracias a ese grito desesperado de placer: «Así quieres que me toque cariño», que desató toda nuestra pasión y lujuria.


















