Le terminan destrozando el culito a la colegiala por andar de provocativa

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La colegiala se paseaba por el barrio con una minifalda tan corta que dejaba ver sus nalgas jariosas desnudas con cada paso que daba. Los hombres la miraban con deseo, deseando poseer ese culito provocativo que se balanceaba frente a ellos.

Un grupo de chicos se acercó a ella, rodeándola y murmurando obscenidades. Uno de ellos, el más atrevido, le agarró las tetas con fuerza, provocando que la colegiala soltara un gemido de dolor y placer. «¡Vaya, vaya, una putita en busca de verga!», gritó uno de los chicos mientras los otros reían con malicia.

La colegiala intentó zafarse, pero los chicos eran demasiado fuertes. La arrastraron hasta un callejón oscuro, donde la empujaron contra la pared y comenzaron a quitarle la ropa sin compasión. «¡Vamos a enseñarle a esta zorrita quién manda aquí!», dijo otro chico con una sonrisa perversa en el rostro.

Uno de los chicos sacó su verga erecta y la obligó a arrodillarse para mamarla. La colegiala, entre sollozos y gemidos, obedeció y comenzó a chupar aquella pija sucia y sudorosa. La saliva resbalaba por su barbilla mientras los chicos se turnaban para follarle la boca sin piedad.

Después de usarla como una puta mamadora, los chicos la pusieron en cuatro patas y le separaron las nalgas, revelando su culito apretado y ansioso de verga. «¡Ahora es momento de destrozarle el culito a esta zorrita!», exclamó uno de los chicos con lujuria en los ojos.

La colegiala gritó de dolor y placer cuando sintió la primera verga penetrar su culo virgen. Los chicos se turnaban para cogerla por el culo, llenándola de vergas duras y gruesas que la hacían gemir como una puta en celo. «¡Sí, así, dame duro por el culo, soy tu putita!», gritaba la colegiala entre lágrimas y gemidos.

El dolor se mezclaba con el placer mientras los chicos la cogían sin piedad, azotando sus nalgas y jalando su cabello con fuerza. La colegiala se sentía humillada y usada, pero también excitada por la brutalidad con la que la estaban follando. Su culito, ahora totalmente destrozado, pedía más y más verga.

Los chicos no paraban de cogerla, de usarla como un objeto sexual para su propio placer. La colegiala, sumida en un mar de sensaciones extremas, alcanzó el orgasmo una y otra vez, sintiendo como su cuerpo temblaba de placer y dolor al mismo tiempo.

Finalmente, uno de los chicos no pudo contenerse más y se corrió dentro de su culo, llenándola de semen caliente y espeso. Los demás no tardaron en seguirle, acabando sobre su cuerpo sudoroso y agotado. La colegiala quedó tendida en el suelo, completamente cubierta de semen y jadeando de agotamiento.

Los chicos se vistieron rápidamente y desaparecieron en la oscuridad, dejando a la colegiala sola y destrozada en el callejón. Se incorporó con dificultad, sintiendo el dolor en cada rincón de su cuerpo, pero también una extraña sensación de satisfacción por la experiencia vivida.

Se vistió con cuidado, sintiendo el semen pegajoso en su piel, y caminó tambaleante de regreso a su casa. Sabía que aquella noche quedaría marcada en su memoria para siempre, como una experiencia salvaje y brutal que despertó en ella deseos oscuros y prohibidos.

Al llegar a casa, se metió en la ducha y dejó que el agua caliente limpiara su cuerpo de toda aquella suciedad y depravación. Cerró los ojos, recordando cada instante de aquella cogida desenfrenada, y sintió cómo un escalofrío recorría su espina dorsal.

La colegiala sabía que aquella experiencia la cambiaría para siempre, que despertaría en ella una pasión desenfrenada por el sexo duro y sin límites. Y, aunque una parte de ella se sentía culpable y avergonzada, otra parte ansiaba con ansias volver a sentirse poseída y usada como aquella noche en el callejón.