Le promete regalo a su prima si lo complace con la boca y ella acepta

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La habitación estaba casi en penumbras, solo iluminada por la luz tenue que se filtraba por las cortinas entreabiertas. El sudor perlaba la frente de Pedro, un tipo fornido de treinta y tantos años, con una mirada lujuriosa que no podía ocultar. Frente a él, su prima Valeria, una joven de veinte años con una actitud desinhibida y provocativa.

—Vamos, Valeria, sé buena prima y cómeme la verga, te prometo un regalito especial si lo haces como en esas jariosas porno que tanto te gustan – dijo Pedro con voz ronca y un tono de mando.

Valeria sonrió con malicia y se arrodilló frente a él. Sin mediar palabra, desabrochó el pantalón de Pedro y liberó su miembro endurecido, ansioso por recibir placer. La joven comenzó a mamar con avidez, moviendo su lengua con destreza y succionando con fuerza.

Los gemidos de Pedro se mezclaban con el sonido húmedo de la mamada. Valeria saboreaba cada centímetro de la verga de su primo, disfrutando de la sensación de poder y sumisión que la invadía. Su saliva lubricaba el falo erecto, facilitando cada embestida de su boca caliente y jugosa.

—Así, puta, sigue chupando como las putas jariosas porno que ves en internet – ordenó Pedro entre gruñidos de placer.

Valeria obedecía sin reparos, entregada al acto de satisfacer a su primo con su boca y garganta. La excitación crecía en la habitación, impregnando el ambiente con un olor a sexo crudo y desenfrenado. Ambos sabían que aquello solo era el preludio de algo mucho más obsceno.

Una vez satisfecho con la mamada, Pedro tomó a Valeria con firmeza y la inclinó sobre la cama. Levantó su falda y apartó su tanga, revelando su entrepierna húmeda y ansiosa. Sin mediar palabras, la penetró con fuerza, haciendo que la joven gimiera de placer.

—¡Sí, cógeme como a una puta, primo! ¡Hazme sentir tu verga hasta el fondo! – exclamó Valeria entre gemidos de éxtasis.

Los cuerpos se fundían en un vaivén frenético, desbordados por la lujuria y el deseo desenfrenado. Pedro embestía a su prima con una pasión desmedida, sintiendo cómo su pija se hundía una y otra vez en la concha ardiente de la joven.

El sonido de la carne chocando resonaba en la habitación, mezclado con los jadeos y susurros obscenos que escapaban de los labios de ambos. Valeria arqueaba la espalda, entregándose por completo al placer de ser cogida de forma tan salvaje y desinhibida.

—¡Eres una zorra insaciable, Valeria! ¡Te encanta que te culee como a una puta! – exclamó Pedro, aumentando el ritmo de sus embestidas.

Valeria asentía con la cabeza, incapaz de contener sus propios impulsos sexuales. La sensación de tener la verga de su primo dentro de ella la llevaba a un estado de éxtasis incontrolable, haciéndola desear más y más.

De repente, Pedro detuvo sus embestidas y sacó su verga de la concha de Valeria. La joven se giró confundida, pero pronto entendió las intenciones de su primo cuando este le indicó ponerse en cuatro patas.

—Vamos a probar algo nuevo, prima. Te voy a dar sexo anal como nunca antes lo has sentido. Prepárate para ser mi putita sumisa – dijo Pedro con voz dominante.

Valeria se puso en la posición indicada, sintiendo cómo la verga de su primo presionaba contra su ano virgen. Con un gemido mezcla de dolor y placer, Pedro la penetró lentamente, abriéndose paso en su interior con paciencia y determinación.

Los gritos ahogados de Valeria se mezclaban con los gruñidos de Pedro, quien disfrutaba de la estrechez y calidez del culo de su prima. Cada embestida era más intensa y profunda, llevando a ambos al límite de la excitación más pura y salvaje.

—¡Sí, así, dame tu verga por el culo, primo! ¡Hazme tuya por completo, cógeme como la zorra que soy! – exclamó Valeria entre gemidos descontrolados.

Pedro no pudo contenerse por mucho más tiempo. Con un gruñido gutural, se dejó llevar por el orgasmo que lo invadía, llenando el ano de Valeria con su venida caliente y espesa. La sensación de plenitud los envolvió a ambos, marcando el final de una sesión de sexo desenfrenado y tabú.