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Desde la ventana, el teléfono capta todo. La vecina, con una sonrisa pícara, abre la puerta solo lo suficiente para que el repartidor de Didi entre. «No tengo para pagarte, cariño», le dice con voz de miel. El chico, joven y confundido, no sabe qué hacer. Ella se arrodilla sin más, desabrochándole el pantalón con una urgencia que lo paraliza. La cámara tiembla mientras se la mete en la boca, pagando el pizza con una mamada experta y rápida. El chico, entregado al momento, la agarra de la cabeza, olvidando el pedido y perdiéndose en el calor de la boca de una vecina dispuesta a todo para saldar una deuda.


















