Chavita colegiala recién en la prepa pero qué buena se ve

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La chavita colegiala recién en la prepa pero qué buena se ve, era una jariosa desnuda de apenas 18 años que sabía cómo calentar a cualquiera. Su uniforme ajustado resaltaba esas curvas jariosas online que todos deseaban tocar. Se llamaba Karla, y desde que la vi por primera vez en el salón, supe que quería cogerme a esa putita sin compasión.

Un día, después de clases, la seguí hasta su casa. La espié mientras se quitaba la mochila y se desabrochaba la blusa, dejando al descubierto sus tetas pequeñas pero jugosas. No pude resistirme y me colé por la ventana de su habitación. Cuando ella me vio, en vez de asustarse, sonrió con malicia y se quitó la falda, mostrando su culo apretado y deseable.

–¿Qué haces aquí, cabrón? –me dijo con voz seductora, acercándose a mí con paso felino.

–Vine a cogerte como te mereces, putita –respondí mientras me quitaba la ropa y dejaba al descubierto mi verga dura como una roca.

Karla se arrodilló frente a mí y comenzó a mamarme la pija con una habilidad sorprendente. Sentía cómo su lengua jugaba con mi glande, mientras sus ojos verdes me miraban con lujuria. La agarré del cabello y empecé a follarle la boca, sintiendo cómo mi verga golpeaba su garganta una y otra vez.

–¡Sí, así, sigue mamando esa pija, putita! –gemí salvajemente, disfrutando de cada succión y cada lamida que Karla me regalaba.

Después de un rato, la puse en cuatro patas sobre la cama y le separé las nalgas, dejando al descubierto su concha húmeda y ansiosa de ser penetrada. Sin previo aviso, le clavé toda mi verga, haciéndola gemir de placer y dolor al mismo tiempo. Cogí a esa chavita colegiala con una intensidad brutal, embistiéndola sin piedad una y otra vez.

–¡Oh, sí, métemela toda, cógeme como a la puta que soy! –gritaba Karla, mientras yo seguía culeándola con furia.

El sudor empapaba nuestros cuerpos, y el olor a sexo llenaba la habitación. Fue entonces cuando decidí probar algo diferente. Sacando mi verga de su concha, la llevé a su culo virgen y comencé a presionar su esfínter poco a poco. Karla gimió de dolor y placer al mismo tiempo, mientras yo la penetraba analmente sin compasión.

–¡Oh, sí, dame por el culo, hazme tu putita anal! –gritaba ella, disfrutando de la sensación de tener mi verga dentro de su estrecho agujero trasero.

La cogida anal continuó durante lo que parecieron horas, hasta que finalmente no pude contenerme más y me corrí dentro de su culo, llenándolo con mi venida caliente y espesa. Karla se retorcía de placer mientras sentía mi semen inundando sus entrañas, llevándola al límite de lo que podía soportar.

–¡Qué bien culeamos, cabrón! –exclamó ella, agotada pero satisfecha, mientras yo retiraba mi verga de su interior.

Nos quedamos tirados en la cama, exhaustos y empapados en sudor, disfrutando del éxtasis del sexo salvaje que acabábamos de compartir. Karla se acurrucó a mi lado, con una sonrisa de satisfacción en su rostro de colegiala traviesa. Sin duda, aquella chavita recién en la prepa no solo se veía buena, sino que sabía cómo satisfacer a un hombre de verdad.