Chavita de prepa pide no grabar mientras cogen

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La chavita de prepa estaba más caliente que una perra en celo, rogando que no grabara mientras cogían. Pero yo, con mi cámara lista, no podía resistir la tentación de capturar cada momento de esa zorra en toda su gloria. Ella, una de esas jariosas desnudas que adoran grabarse en videos de jariosas, sabía cómo calentar a cualquier macho que se le pusiera enfrente.

Con sus tetas duras como rocas y su culo pronunciado, la chavita hacía que mi verga palpitara de deseo. Me ordenó apagar la cámara, pero yo solo sonreí y le dije: «¿crees que me perdería la oportunidad de ver cómo te abres de piernas para mí?» Con una mirada lasciva, se dejó llevar y comenzamos a coger como animales en celo.

Sus gemidos llenaban la habitación mientras su concha se empapaba más y más con cada embestida. La sensación de su cálido interior envolviendo mi pija no tenía comparación. La chavita, completamente entregada al placer, se retorcía de gusto mientras yo la penetraba sin piedad.

«¿Te gusta cómo te cojo, putita?», le susurré al oído mientras agarraba con fuerza sus caderas. Ella solo podía gemir y asentir, incapaz de articular palabra alguna. Sus ojos vidriosos y su cuerpo tembloroso indicaban que estaba a punto de llegar al orgasmo.

Con movimientos frenéticos, la cogida se volvía más intensa con cada embestida. La chavita, en un arranque de desenfreno, me suplicó que la cogiera más fuerte, que la tratara como la zorra que era. Sin dudarlo, aumenté el ritmo y la hice gemir más alto que nunca.

Su sexo se contraía alrededor de mi verga, apretándola con fuerza en un intento desesperado por retener mi semen. Pero yo no iba a permitirlo. Con una embestida final, la chavita se vino con fuerza, su cuerpo temblando de placer mientras el sudor perlaba su piel.

La sacudida de su orgasmo fue suficiente para empujarme al borde del abismo. Con un gruñido gutural, vacié todo mi semen en su interior, marcando mi territorio como el macho alfa que era. Ambos jadeantes y exhaustos, nos dejamos caer en la cama.

«Eres una puta insaciable», le dije entre risas, mientras acariciaba su cuerpo sudoroso. La chavita solo sonrió pícaramente y me dijo: «Solo contigo, papi». La complicidad entre nosotros era palpable, sabíamos que esta no sería la última vez que nos entregaríamos al placer desenfrenado.

Después de un rato de descanso, la chavita se levantó y se dirigió al baño para limpiarse. Mientras tanto, yo guardaba la cámara con una sonrisa de satisfacción en el rostro. Sabía que ese video sería un tesoro invaluable en mi colección de videos de jariosas.

Al regresar, la chavita se acercó a mí con una mirada traviesa en los ojos. Sin decir una palabra, se arrodilló frente a mí y tomó mi verga en su boca, dando inicio a una mamada tan profunda y apasionada que me dejó sin aliento.

Su lengua experta recorría cada centímetro de mi pija, provocándome escalofríos de placer. Cerré los ojos y me dejé llevar por las sensaciones abrumadoras que recorrían todo mi cuerpo. La chavita sabía exactamente cómo complacer a su hombre y no escatimaba esfuerzos en hacerlo.

Con cada succión, mi excitación crecía exponencialmente. La visión de esa chavita de prepa entregada a mi verga era suficiente para empujarme al borde una vez más. Sabía que esta mamada terminaría en una venida espectacular, y no me equivoqué.

Con un gemido gutural, vacié todo mi semen en la boca de la chavita, quien lo recibió gustosa y lo saboreó con deleite. Era evidente que disfrutaba cada gota de mi esencia, como una verdadera adicta al sexo.

Una vez más, caímos exhaustos sobre la cama, envueltos en un halo de placer y lujuria. La chavita se acurrucó a mi lado, satisfecha y feliz, sabiendo que juntos habíamos alcanzado un nivel de intimidad y pasión inigualable.