La chavita de prepa se encontraba sola en el aula con el profe de mates, un tipo mayor y libidinoso que la miraba con ojos llenos de deseo. Ella, apenas una adolescente inexperta, temblaba de miedo al sentir la presión de su autoridad. El profe se acercó, colocando sus manos ásperas sobre los hombros de la jovencita, quien podía percibir su aliento rancio y desagradable cerca de su rostro.
«Así que eres la putita que anda provocando a los alumnos, ¿eh?», murmuró el profe con voz ronca y llena de malicia. La chavita tragó saliva, sintiendo un nudo en la garganta. El hombre comenzó a acariciar su cabello suavemente, mientras sus dedos se deslizaban por la espalda de la joven, levantando poco a poco su falda de colegiala.
La chavita cerró los ojos, sintiendo el rubor invadir su rostro al darse cuenta de que no llevaba ropa interior. El profe sonrió con satisfacción al ver la entrepierna desnuda de la adolescente, su verga se endureció al instante bajo el pantalón. Sin mediar palabra, la tomó bruscamente de la cintura y la empujó contra el escritorio, inclinándola hacia adelante.
«¡Eres una zorrita caliente, ¿verdad?! ¡Te gusta provocar a los hombres mayores!», gruñó el profe mientras separaba las piernas de la chavita y hundía su rostro entre sus muslos. Con habilidad, comenzó a lamer suavemente la concha de la joven, quien gemía en silencio, mezclando el dolor y el placer en una sensación abrumadora.
La chavita de prepa se aferraba al borde del escritorio, sintiendo la lengua áspera del profe explorando cada pliegue de su intimidad. El hombre la tomó de las caderas con fuerza, hundiendo su rostro con voracidad en busca de más humedad y sabor. La chavita gemía sin control, sintiendo cómo su cuerpo respondía a pesar de su negativa interna.
El profe se levantó abruptamente, liberando su verga erecta y gruesa de la prisión de su pantalón. La chavita contuvo el aliento al ver aquel miembro imponente frente a ella, pulsante y ansioso por penetrarla. Sin darle tiempo a reaccionar, el profe la tomó de la cintura y la empaló con fuerza, haciéndola gritar de dolor y placer al mismo tiempo.
«¡Toma, putita! ¡Así te gusta, ¿verdad?!», rugió el profe mientras embestía una y otra vez el estrecho canal de la adolescente. Sus manos ásperas agarraban con brutalidad las caderas de la chavita, marcando su piel delicada con sus dedos. Ella era una marioneta en manos del profe, sometida a sus deseos más oscuros.
La chavita gemía y sollozaba, sintiendo cómo el profe la penetraba sin piedad, llevándola al límite de su resistencia. Cada embestida era un tormento y un éxtasis indescriptible, su cuerpo se arqueaba de placer involuntario mientras el hombre continuaba culeándola con saña y desenfreno.
El aula resonaba con los sonidos obscenos de la cogida desenfrenada, la chavita jadeaba y gemía como una gata en celo, su cuerpo temblaba de deseo y vergüenza. El profe no mostraba compasión, su verga seguía entrando y saliendo de la concha de la joven con una violencia inusitada, marcando un ritmo frenético y brutal.
De repente, el profe detuvo sus embestidas y cambió de posición, colocando a la chavita boca abajo sobre el escritorio. Sin previo aviso, comenzó a penetrarla por el culo, haciendo que la joven soltara un grito de sorpresa y dolor. Sus lágrimas se mezclaban con el sudor de sus cuerpos entrelazados en una danza de sexo sucio y degradante.
«¡Eres mi puta, mi zorrita sumisa que solo sirve para ser cogida como una perra en celo!», vociferaba el profe mientras embestía el estrecho ano de la chavita sin piedad. Ella sentía una mezcla de placer extremo y dolor insoportable, su mente se había convertido en un torbellino de sensaciones indescriptibles.
La chavita de prepa se aferraba al borde del escritorio, sintiendo cómo el profe la poseía por completo, su verga entrando y saliendo de su culo con una ferocidad que la dejaba sin aliento. Cada embestida era como un látigo que marcaba su piel y su alma, arrastrándola a un abismo de deseo incontrolable.
Finalmente, el profe no pudo contenerse más y con un gruñido gutural, se dejó llevar por la pasión desenfrenada y se corrió en el interior del culo de la chavita. Su semen caliente y viscoso llenó el estrecho canal de la adolescente, inundándola de una sensación pegajosa y abrumadora.
La chavita yacía exhausta sobre el escritorio, su cuerpo temblaba de cansancio y emoción. El profe se alejó de ella, arreglándose la ropa con indiferencia mientras la miraba con una mezcla de satisfacción y desdén. La joven sabía que nunca olvidaría esa experiencia, marcada a fuego en su piel y en su memoria para siempre.


















