Colegiala culona consulta a sus compañeros por videollamada si se quita los calzones

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La colegiala culona se encontraba en su habitación, aburrida y caliente. Con su uniforme demasiado ajustado, no podía evitar sentir cómo sus grandes tetas rebotaban al caminar. Su coño, mojado y ansioso, pedía a gritos ser penetrado por una verga dura y gruesa. Sin pensarlo dos veces, decidió llamar a sus compañeros de clase por videollamada para preguntarles algo muy importante.

«¡Ey, jariosos! ¿Qué tal si me quito los calzones para ustedes?», dijo la colegiala con una sonrisa pícara en su rostro.

Sus compañeros, sorprendidos por la proposición tan directa de la joven, no pudieron contener la excitación que les invadía. Uno de ellos, el más atrevido, respondió al instante: «¡Claro que sí, putita! Enséñanos esa conchita jariosa que tienes».

La colegiala, sin titubear, se levantó de la silla y comenzó a desabrochar lentamente su falda escolar. Con cada botón que se desprendía, la temperatura de la habitación subía considerablemente. Finalmente, dejó caer la falda al suelo, revelando unos calzones diminutos que apenas cubrían su culo de infarto.

Los gemidos de los chicos a través de la pantalla no se hicieron esperar. «¡Mira esas nalgas, qué ricas se te ven, zorra!», exclamaba uno de ellos mientras se tocaba la verga bajo la mesa.

La colegiala, sintiéndose cada vez más cachonda, se acercó a la cámara y se quitó lentamente los calzones, mostrando su concha peluda y húmeda. Los gemidos se intensificaron, y ella notaba cómo su rajita empezaba a palpitar de deseo. No podía resistirse a la idea de tocarse frente a sus compañeros.

«¿Les gusta lo que ven, degenerados? ¿Quieren verme tocándome?», preguntó la colegiala con voz entrecortada por la excitación.

Los chicos, sin poder articular palabra, asintieron frenéticamente. Uno de ellos, el más osado, tomó la iniciativa: «¡Hazlo, puta! Queremos verte metiéndote los dedos en esa conchita jariosa».

La colegiala, obedeciendo las órdenes de sus compañeros, se sentó en la silla y comenzó a acariciar su clítoris con movimientos circulares y firmes. Su respiración se agitaba, y sus pezones se ponían duros como piedras. Era evidente que la situación la había llevado al límite de la lujuria.

«¡Sí, así me gusta! ¡Muestra lo zorra que eres, colegiala caliente!», gritaba uno de los chicos, mientras se masturbaba furiosamente.

La colegiala, cada vez más entregada al placer, introdujo un dedo en su vagina y empezó a moverlo en círculos, sintiendo cómo su jugosidad se escurría por su mano. Gemía sin control, disfrutando del morbo de la situación y de la presencia virtual de sus compañeros calientes.

De repente, uno de los chicos propuso algo aún más atrevido: «¡Colegiala culona, ¿qué tal si te metes un dedo por el culo mientras te masturbas? ¡Queremos ver cómo disfrutas del sexo anal, guarra!».

La propuesta hizo estremecer a la colegiala, quien, sin pensarlo dos veces, se incorporó en la silla, levantó una pierna y comenzó a introducir un dedo en su apretado ano. El gemido que escapó de sus labios fue tan intenso que resonó en toda la habitación.

Los chicos, al ver la escena tan explícita que tenían frente a sus ojos, no pudieron contenerse más. Uno a uno, comenzaron a masturbarse sin restricciones, imaginándose a ellos mismos cogiendo a la colegiala culona en todas las posiciones posibles.

La colegiala, sintiendo cómo el orgasmo se aproximaba con rapidez, aumentó la velocidad de sus movimientos, alternando entre su vagina y su culo. Los espasmos de placer la invadieron por completo, y con un grito ahogado, alcanzó el clímax, dejando escapar un chorro de líquido caliente que empapó la silla y sus muslos.

Los chicos, al ver la venida de la colegiala, no tardaron en unirse a ella, eyaculando con fuerza y derramando semen sobre sus pantallas en un acto de lujuria desenfrenada.

Así terminó la videollamada, con la colegiala culona exhausta pero satisfecha, y sus compañeros con una sonrisa de satisfacción en sus rostros, sabiendo que aquella experiencia quedaría grabada en sus mentes para siempre.