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En el privado del teibol, las dos putas de lujo ya estaban en cuatro, con sus culos de ensueño en el aire y sus lencerías de encaje tiradas por el suelo. No perdí tiempo. Me metí detrás de la rubia, hundiendo mi polla en su coño caliente mientras mi mano exploraba el culo de la morena. Luego me cambié, sintiendo la diferencia, cómo la morena apretaba más. Las puse una al lado de la otra, turnándome como si fuera un festín, metiéndoles el dedo por el culo mientras las follaba sin piedad. Sus gemidos de zorras se mezclaban con el sonido de mis pelvas golpeando sus nalgas hasta que las dejé ambas bañadas en mi leche, temblando y pidiendo más.


















