Culeando a prima nalgoncita de prepa de CDMX

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La prima Nalgoncita de prepa de CDMX estaba más buena que las jariosas porno que veía en internet. Con sus curvas marcadas por el uniforme ajustado, era imposible no fantasear con culeármela. No podía resistir la tentación de espiarla cuando se cambiaba en su habitación y ver sus nalgas firmes y sus tetas jugosas.

Un día, mientras estábamos solos en casa, aproveché la oportunidad. Me acerqué sigilosamente a su habitación y la encontré en ropa interior, viendo algo en su celular. Sin pensarlo dos veces, entré y cerré la puerta. La sorpresa en su rostro fue evidente, pero pronto se convirtió en una sonrisa traviesa al ver mi verga dura como una roca.

—¿Qué haces aquí, primo? —dijo con voz juguetona, sabiendo muy bien lo que quería.

—Vine a cogerte, Nalgoncita. Siempre he deseado tu culo y hoy no me contengo más —respondí con tono dominante, acercándome a ella.

Ella se dejó llevar por la excitación y, sin mediar palabra, me besó con pasión. Nuestras lenguas se entrelazaron en un baile lujurioso mientras mis manos exploraban su cuerpo con avidez. Deslicé mis dedos por su espalda hasta llegar a sus nalgas, apretándolas con fuerza y haciéndola gemir de placer.

La prima Nalgoncita se arrodilló frente a mí y desabrochó mi pantalón, liberando mi verga ansiosa por ser mamada. Con habilidad, comenzó a chuparla con avidez, alternando entre lamidas y succiones que me llevaban al borde del delirio. Cada movimiento de su lengua me empujaba más cerca del abismo del deseo.

—¡Así, mamáme la pija, puta! —exclamé entre gemidos, agarrando su cabello con firmeza.

La sensación de su boca caliente envolviendo mi verga era indescriptible. Cada succión me llevaba más allá de lo que creía soportar, acercándome al momento de la venida. Pero no quería acabar tan rápido, así que la detuve y la puse de pie, girándola para que su culo quedara frente a mí.

Tomé sus caderas con fuerza y la penetré con ímpetu, sintiendo cómo mi verga se abría paso en su concha húmeda y estrecha. Sus gemidos se mezclaban con mis gruñidos de placer mientras la embestía sin piedad, disfrutando cada centímetro de su cuerpo.

—¡Sí, primo, cógeme fuerte! ¡Hazme tuya! —gritó Nalgoncita, arqueando su espalda y ofreciéndome su culo.

No pude resistir la tentación de probar su culo, así que sin previo aviso, cambié de agujero y empecé a culearla por detrás. La sensación de su ano apretado alrededor de mi verga era deliciosa, provocándome aún más placer. Mis embestidas eran cada vez más intensas, haciéndola gemir y retorcerse de gusto.

Después de un rato de sexo anal salvaje, decidimos probar una nueva posición. Nalgoncita se puso a cuatro patas en la cama, ofreciéndome su culo en pompa. Sin dudarlo, me coloqué detrás de ella y la penetré con fuerza, sintiendo cómo mi verga entraba y salía de su concha empapada.

Los sonidos de nuestros cuerpos chocando llenaban la habitación, acompañados por los gemidos y gritos de placer que escapaban de nuestros labios. Estábamos en un éxtasis de deseo y lujuria, disfrutando cada segundo de aquella cogida desenfrenada.

Finalmente, llegamos juntos al clímax, con Nalgoncita gritando mi nombre mientras mi verga pulsaba dentro de ella. Un torrente de semen caliente inundó su interior, marcando el final de nuestra intensa sesión de sexo desenfrenado.

Nos quedamos tendidos en la cama, exhaustos pero completamente satisfechos. Sabíamos que aquella experiencia sería solo el comienzo de muchas más aventuras sexuales entre primos cachondos. Y así, entre risas y susurros cómplices, nos entregamos nuevamente al placer prohibido de culear como verdaderos jariosos porno.