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Imagínate la escena: en la sala de la casa, a solas con tu prima, sintiendo la tensión sexual creciendo entre ustedes. No puedes resistirte a la atracción prohibida y decides tomar la iniciativa. La miras a los ojos con deseo mientras le susurras al oído tus intenciones. Lentamente comienzas a acariciar su cuerpo, explorando cada rincón, cada curva. Ella se estremece de placer y ansia más. Sin decir una palabra, la llevas hacia ti y le das lo que está deseando: le das de mamar antes de que lleguen tus tios. La excitación se apodera de ambos, creando un momento de intimidad y pasión incontrolables. El deseo se desborda, culminando en un acto de lujuria desenfrenada que los dejará sin aliento, deseando más y más.


















