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En el cuarto, la colegiala se mordía el labio, sus mejillas sonrojadas por la timidez. El novio, con la cámara en mano, la observaba con una mezcla de deseo y expectativa. Ella, con dedos temblorosos, comenzó a desabotonar su uniforme, revelando poco a poco su piel suave. Cada prenda que caía al suelo aumentaba su nerviosismo, pero también su excitación. Los ojos de su novio, fijos en ella, la hacían sentir deseada. Finalmente, se quedó en ropa interior, su respiración acelerada. Con una mirada de confianza, se acercó a él, dispuesta a dejar atrás la vergüenza y entregarse completamente al momento.


















