La chavita se resiste a bajar el calzoncito mientras la embisten por miedo a ser descubierta por sus viejos

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La chavita se retorcía de placer mientras la embestían sin piedad. Sus tetas jóvenes y firmes saltaban al ritmo de las embestidas. El sudor corría por su frente, mezclándose con el maquillaje barato que llevaba. Estaba totalmente entregada al momento, con la verga bien adentro de su concha húmeda y caliente.

El tipo que se la cogía no paraba de insultarla, llamándola puta y zorra una y otra vez. A ella le encantaba, le excitaba sentirse tan deseada y usada. Sabía que estaba mal, que no debería estar ahí, con un desconocido dándole pija en un lugar público. Pero eso solo lo hacía más excitante.

La situación se volvía cada vez más intensa. La chavita se resistía a bajar el calzoncito, temerosa de que sus viejos la descubrieran en pleno acto de jariosas desnudas. Pero el morbo de la situación la hacía mojar más y más. Sentir la verga dura entrando y saliendo de su concha prohibida la llevaba al límite del placer.

El tipo la agarraba con fuerza de las caderas, clavándosela con violencia una y otra vez. Ella gemía y gritaba, pidiendo más, rogando por más pija. Se sentía como una verdadera puta, pero disfrutaba cada segundo de aquella cogida salvaje.

De repente, escucharon pasos acercándose. La chavita contuvo la respiración, temiendo lo peor. No podía ser descubierta en esa situación tan comprometida. El tipo parecía no importarle, seguía culeando a la chavita con total desenfreno, como si el peligro los excitara aún más.

La chavita sentía el miedo y la excitación mezclarse en su interior. Estaba a punto de correrse, de tener un orgasmo que la haría olvidar por completo donde estaban. El tipo lo sabía y aumentó el ritmo de las embestidas, llevándola al borde del abismo del placer.

Justo en ese momento, escucharon una voz conocida. La chavita se paralizó, reconociendo la voz de su padre. El tipo no se detuvo, seguía culeándola con fuerza, como si quisiera que la chavita garchara con él en frente de su viejo.

La situación era tan morbosa y sucia que la chavita no pudo contenerse más. Se corrió con fuerza, sintiendo como su cuerpo se estremecía de placer. El tipo la siguió cogiendo sin piedad, acercándose cada vez más a su propio orgasmo.

Los pasos se alejaron finalmente, pero el peligro seguía latente. La chavita, exhausta y temblorosa, se dejó llevar por las sensaciones más intensas que jamás había experimentado. Estaba en el límite de sus fuerzas, pero no quería que aquello terminara.

El tipo la dio vuelta bruscamente, poniéndola en cuatro patas. La penetró con fuerza por el culo, haciéndola gritar de dolor y placer. Sentir la verga entrando y saliendo de su ano la volvía loca de deseo. Era una sensación nueva y completamente adictiva.

La chavita se dejó llevar por el éxtasis del sexo anal, entregándose por completo al placer prohibido. Sus gemidos llenaron el lugar, mezclándose con los susurros del tipo y el sonido de sus cuerpos chocando salvajemente uno contra el otro.

Finalmente, el tipo no pudo contenerse más. Con un rugido gutural, se corrió dentro del culo de la chavita, llenándola con su venida caliente y espesa. Ella sintió cómo el semen caliente la invadía, provocándole un último estremecimiento de placer.

Se quedaron quietos por unos instantes, recuperando el aliento y saboreando el momento. La chavita sabía que aquello no podía repetirse, que era una locura seguir arriesgándose de esa manera. Pero por un instante, se permitió disfrutar del placer más sucio y prohibido que jamás había experimentado.