2213 views
9 likes
¡Escápate ese grito de la morrita caliente! Apenas la estaban embistiendo con furia y el man sacó el rifle sin permiso, soltando la bala en territorio prohibido. La beba se encabronó a más no poder; sus ojitos ardían en llamas, echando chispas por todos lados. El tipo, ni enterado, seguía dándole con todo, ajeno a la tormenta que se le venía. La pasión se desbordaba, mezclada con la rabia de la flaquita. ¡Pobre cabrón! Pero bueno, ya qué, el mal estaba hecho y la leche estaba adentro. Aunque inicialmente furiosa, la chamaquita terminó por rendirse al placer prohibido, disfrutando cada embestida con una lujuria desenfrenada. ¡Qué desmadre, amigos! ¡Hasta pa’ las peleas y desenlaces en el catre hay que estar bien pilas!


















