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La jovencita estaba de espaldas, mirando por la ventana, cuando sintió su aliento en su cuello. Él, su novio vergon, la rodeó por la cintura, y su mano bajó directamente a sus nalgas. Sin decir nada, con un movimiento firme y dominante, le hizo el calzón de lado, dejando su panocha al descubierto y vulnerable. Ella sintió un escalofrío de excitación. Él la agarró de las caderas y la dobló ligeramente hacia adelante. La penetración fue inmediata y profunda. Un gemido se escapó de sus labios mientras él empezaba a cogerla de perrito, con una fuerza y un ritmo que la hacían temblar, usándola para su placer en una posesión animal y sin rodeos.


















