Quieren que me baje las braguitas… La peladita les pregunta

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El calor era insoportable en aquella habitación llena de cuerpos sudorosos y ansiosos. Los gemidos y suspiros se entrelazaban con el sonido de la cama chocando contra la pared. Una chica de cabello corto, con una mirada lasciva, se arrodilló frente a un grupo de hombres que la rodeaban, con las manos ansiosas por tocarla. «¿Quieren que me baje las braguitas?», susurró con picardía, provocando que todos los presentes se excitara aún más.

Uno de los hombres, con una verga erecta y desesperada, le tomó del pelo con rudeza y le dijo entre gruñidos, «¡Sí, perra! Queremos ver esa concha mojada esperando ser cogida». La peladita, con una sonrisa traviesa en el rostro, comenzó a quitarse lentamente la diminuta prenda que cubría su entrepierna, dejando al descubierto su sexo húmedo y ansioso. Los hombres, como lobos hambrientos, no podían apartar la vista de aquella escena depravada.

«¿Quieren meterme la verga en la boca?», preguntó la chica con tono desafiante, mientras acariciaba suavemente el miembro del hombre que la sostenía. «¡Claro que sí, puta! ¡Métemela toda hasta la garganta, necesitamos sentir tu lengua chupando fuerte!», respondió el hombre con una voz ronca, ansioso por la mamada que estaba por recibir.

La peladita se abalanzó sobre la verga con voracidad, metiéndola entera en su boca y succionando con fuerza, provocando gemidos guturales en su compañero. Los demás hombres se masturbaban frenéticamente, deseando ser ellos quienes recibieran semejante mamada. Mientras tanto, la chica continuaba mamando sin descanso, sintiendo el sabor salado del semen en su boca.

De repente, otro de los hombres se acercó por detrás y comenzó a acariciar el culo firme de la peladita, separando sus nalgas con brusquedad. «¿Quieres que te cojan por el culo, putita?», susurró al oído de la chica, quien respondió con un gemido de placer. Sin mediar palabra, el hombre comenzó a introducir su verga en el estrecho agujero anal de la chica, quien gritaba de dolor y placer al mismo tiempo.

Entre gemidos y jadeos, la peladita era penetrada salvajemente por ambos hombres, quienes la sujetaban con fuerza y la embestían sin piedad. Los sonidos de la carne chocando resonaban en la habitación, mezclados con los gritos de la chica que estaba al borde del orgasmo. La visión de aquellos cuerpos sudorosos y contorsionándose en placer era una escena digna de la más sucia película porno.

Los hombres continuaban alternándose en la cogida, turnándose para penetrar a la peladita por todos sus agujeros. El sexo anal era brutal y desenfrenado, con vergas entrando y saliendo sin pausa, mientras la chica pedía más y más, suplicando por una culeada aún más intensa y sucia.

Finalmente, la peladita no pudo contenerse más y estalló en un orgasmo violento, gritando y gimiendo como una perra en celo. Los hombres, excitados por los sonidos de placer de la chica, no tardaron en venirse también, bañando su cuerpo en semen caliente y pegajoso. La habitación quedó envuelta en un ambiente denso y cargado de lujuria y depravación.

Agotados y satisfechos, los hombres se retiraron dejando a la peladita desnuda y empapada de fluidos, con una sonrisa de satisfacción en el rostro. Sabían que aquella noche no sería la última vez que se entregara a la más sucia y pervertida de las pasiones, dispuesta a satisfacer cualquier deseo que se le presentara.