2770 views
2 likes
La morrita, con una mezcla de timidez y desafío en sus ojos, miró a su novio. «Sabes que no me gusta ponerme así,» dijo, su voz suave pero firme. Él, con una sonrisa comprensiva, se acercó, sus manos acariciando su espalda con ternura. «No importa,» murmuró, «vamos a explorar juntos, a tu ritmo.» Con un suspiro, ella cedió, permitiendo que él la guiara. Poco a poco, se posicionó de rodillas, sintiendo su corazón latir con fuerza. La confianza en la voz de su novio la tranquilizó, y con cada caricia, cada susurro, se relajó, entregándose al momento. Juntos, encontraron un nuevo camino de placer, donde el respeto y la confianza se convertían en el mejor afrodisíaco.


















