Jovencita mexicana se pone tanga de su madre y ve lo sabrosa que está a cuatro

Descargar
5 views
0 likes
NUESTRO GRUPO TELEGRAM

La jovencita mexicana se sentía caliente y traviesa esa tarde. Había descubierto en el cajón de la cómoda una tanga de encaje roja que pertenecía a su madre. Sin pensarlo dos veces, decidió probársela, sintiendo cómo se ajustaba a su culito de manera perfecta, resaltando sus nalgas jariosas. Se miró al espejo, meneando las caderas, y se dio cuenta de lo sabrosa que lucía a cuatro patas.

Con la tanguita de su madre apretando su entrepierna, comenzó a tocarse, sintiendo cómo su conchita se iba humedeciendo poco a poco. La idea de ser tan traviesa la ponía aún más cachonda. En ese momento, escuchó pasos acercándose a su habitación, era su vecino, un hombre mayor y experimentado que siempre le había dado morbo.

El hombre entró sin llamar y al ver a la jovencita con la tanga de su madre, no pudo contenerse y sacó su verga dura y gorda. La chica lo miró con deseo, notando cómo la pija del vecino palpitaba de excitación. Sin mediar palabra, se arrodilló y comenzó a mamar con ansias, sintiendo el sabor salado de su miembro en su boca.

Entre gemidos y jadeos, el vecino la tomó por el cabello y la puso en posición de perrito, disfrutando de la vista de ese culito respingón cubierto solo por la tanguita de encaje rojo. Sin más preámbulos, la penetró con fuerza, haciendo que la jovencita gima de placer y dolor al mismo tiempo.

La sensación de tener la verga del vecino dentro de ella la hizo estremecer. Cerró los ojos y se dejó llevar por el placer, moviendo las caderas al ritmo de las embestidas. El hombre la agarraba de las caderas con fuerza, marcándole los glúteos con sus manos ásperas.

Entre jadeos y gritos, la jovencita pedía más, quería sentir toda la verga del vecino dentro de ella. Él, excitado por la lujuria de la chica, la giró y la puso boca arriba, separando sus piernas y adentrándose en su conchita húmeda y ardiente.

La jovencita gemía y susurraba obscenidades, disfrutando cada embestida como si fuera la última. El vecino, ansioso de más, decidió probar algo diferente y sin previo aviso, introdujo uno de sus dedos en el culito apretado de la chica, provocando un gemido mezcla de dolor y placer en ella.

El hombre no paraba de coger a la jovencita sin piedad, alternando entre su conchita y su culito, llevándola al límite una y otra vez. La tanguita de encaje rojo estaba empapada de los fluidos de ambos, testigo mudo de la lujuria desenfrenada que se vivía en la habitación.

Entre embestidas y gemidos, el vecino no pudo contenerse más y con un gruñido ronco, se dejó ir dentro de la chica, llenando su interior con su venida caliente y espesa. La sensación de sentir el semen del vecino en su interior provocó un orgasmo intenso en la jovencita, quien se retorcía de placer bajo su cuerpo sudoroso.

Agotados y satisfechos, se quedaron recostados en la cama, disfrutando del éxtasis del momento. Ambos sabían que aquello solo era el comienzo de una relación prohibida y llena de pasión desenfrenada.