Colegiala ardiente se divierte en el baño haciendo travesuras

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La colegiala ardiente se encontraba sola en casa, con la lujuria corriéndole por las venas. Su uniforme escolar ajustado dejaba ver sus curvas pecaminosas, provocando una tremenda excitación en ella. Decidió dirigirse al baño, ese lugar de intimidad donde tantas travesuras había llevado a cabo.

Una vez dentro, se miró en el espejo y con una sonrisa traviesa, comenzó a desabrochar su blusa lentamente, dejando al descubierto sus jariosas desnudas. Sus pezones se endurecieron al roce del aire y ella gemía de placer, ansiosa por más. Bajó lentamente su falda corta, revelando unas piernas torneadas que invitaban al pecado.

Se sentó en el borde de la bañera y acarició su entrepierna, sintiendo el calor que emanaba de su concha mojada. Con una mano, empezó a masajear su clítoris, mientras con la otra apretaba fuertemente sus tetas. Los gemidos empezaron a llenar el ambiente, mezclándose con el sonido del agua cayendo de la ducha.

De pronto, escuchó un ruido en la puerta. Era su vecino, un hombre mayor que siempre la miraba con deseo. Sin embargo, en lugar de sentir miedo, la colegiala se excitó aún más. Abrió la puerta dejándolo entrar, sabiendo que sería parte de sus travesuras más sucias.

El hombre se acercó a ella con deseo, sacando su verga dura y lista para ser devorada. La colegiala no perdió tiempo y se arrodilló frente a él, tomando su pija con ansias y metiéndola en su boca de forma voraz. Mamaba con una habilidad que sorprendía al hombre, quien gemía de placer al sentir su verga en la garganta de la joven.

Entre gemidos y jadeos, la colegiala se puso de pie y se inclinó sobre la bañera, ofreciéndole su culo al vecino. Él no dudó ni un segundo y la penetró con fuerza, sintiendo cómo su verga entraba y salía de su culo apretado. Los gritos de la colegiala llenaban el baño, mezclándose con los sonidos de la penetración.

El vecino la cogía sin piedad, disfrutando del culo apretado de la colegiala. Sus embestidas eran cada vez más fuertes, haciendo que la joven gritara de placer y dolor. Sin embargo, ella quería más, anhelaba sentirlo dentro de su concha húmeda y ansiosa de ser cogida.

Así que, sin detenerse, el vecino sacó su verga del culo de la colegiala y la penetró por su concha, sintiendo lo apretada y caliente que estaba. Los dos gemían en un frenesí de lujuria, entregándose al placer sin límites. La colegiala se movía al ritmo de las embestidas, sintiendo cómo el orgasmo se acercaba.

El vecino la cogía con fuerza, sintiendo el sudor recorriendo sus cuerpos entrelazados. La colegiala gemía y gritaba, pidiendo más y más. Finalmente, llegaron juntos al clímax, sintiendo cómo el placer los invadía por completo. El vecino se vino dentro de ella, llenando su concha de semen caliente y espeso.

Exhaustos, se quedaron abrazados en el baño, sintiendo el calor de sus cuerpos desnudos. La colegiala sonreía satisfecha, sabiendo que esa había sido una de las travesuras más excitantes de su vida. El vecino la miraba con deseo, prometiendo volver para más.