El increíble culo de mi compañera de colegio mostrando tanga en el baño

Descargar
6 views
0 likes
NUESTRO GRUPO TELEGRAM

Estaba en la escuela mirando a esa jariosa compañera de colegio, con su uniforme ajustado que marcaba cada curva de su espectacular cuerpo. No pude resistir la tentación y la seguí hasta el baño, donde esperaba poder admirar ese increíble culo que tanto me había obsesionado. Al entrar, la encontré frente al espejo, ajustando su tanga de encaje negro. Mis ojos se clavaron en su trasero, deseando poseerlo de la manera más obscena posible.

No pude contenerme y me acerqué sigilosamente, sintiendo mi verga crecer bajo el pantalón. Ella se giró sorprendida al escuchar mis pasos, pero su expresión se transformó en una sonrisa traviesa al verme. Sin mediar palabra, la tomé por la cintura y la atraje hacia mí, sintiendo la dureza de mi miembro presionando contra sus nalgas. Ella soltó un gemido suave, excitada por la situación.

«¿Qué crees que estás haciendo, cabrón?» me susurró al oído, mientras sentía sus manos acariciando mi entrepierna. Sin responder, comencé a besar su cuello y a deslizar mis manos por debajo de su falda, acariciando sus muslos suaves y tonificados. Con destreza, bajé su tanga hasta sus tobillos, dejando al descubierto su culo perfecto.

Sin perder tiempo, me arrodillé frente a ella y separé sus nalgas, revelando su concha húmeda y ansiosa. No pude resistir la tentación y comencé a lamer su sexo con avidez, sintiendo sus gemidos aumentar en intensidad. Ella se aferraba a mis cabellos, guiando mi cabeza con deseo y lujuria.

Luego, me incorporé y la empujé contra el lavamanos, levantando su falda y colocando mi verga en la entrada de su concha. Con un gemido ronco, la penetré con fuerza, sintiendo el calor y la humedad de su interior envolviéndome por completo. Comencé a embestirla con furia, sintiendo cómo sus gemidos se mezclaban con los míos, creando una sinfonía de placer desenfrenado.

«¡Sí, dame más, cabrón! ¡Coge mi culo como el puta que soy!» exclamaba ella, incitándome a aumentar el ritmo de mis embestidas. Mis manos se aferraban a sus caderas, marcando el compás de nuestras caderas chocando una y otra vez, en una danza salvaje de sexo desenfrenado.

De repente, ella se giró y se inclinó sobre el lavamanos, ofreciéndome su culo en pompa. Sin dudarlo, coloqué mi verga en la entrada de su ano y comencé a empujar con determinación, sintiendo cómo cada centímetro de mi miembro se abría paso en su estrecho agujero. Ella gritaba de placer, pidiendo más y más.

El sonido de nuestros cuerpos chocando resonaba en el pequeño baño, mezclado con sus gemidos y mis gruñidos de placer. Sentía el sudor recorriendo mi frente, mientras me entregaba por completo a la lujuria y el deseo desenfrenado que nos consumía en ese momento.

Cada embestida era más intensa que la anterior, cada gemido más salvaje. Podía sentir cómo el orgasmo se acercaba rápidamente, ardiendo en lo más profundo de mi ser. Con un rugido bestial, me dejé llevar por la avalancha de placer, llenando su culo con mi venida caliente y espesa.

Ella se estremeció al sentir mi semen inundando su interior, alcanzando su propio orgasmo en una explosión de placer incontenible. Nos quedamos unidos por unos instantes, recuperando el aliento y disfrutando de la intensidad del momento compartido en aquel pequeño baño escolar.

Finalmente, nos separamos con una sonrisa cómplice, sabiendo que aquel encuentro prohibido no sería el último. Nos arreglamos rápidamente y salimos del baño, cada uno a su clase, con la certeza de que aquel fue solo el comienzo de una aventura sexual sin límites.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *