La increíble retaguardia de mi prima, ¿adivinen su edad?

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La increíble retaguardia de mi prima era algo que me tenía obsesionado desde hace mucho tiempo. Siempre que nos veíamos, no podía evitar mirar de reojo esas nalgas redondas y firmes que parecían desafiar la gravedad. ¿Adivinen su edad? Pues tenía apenas 18 años, recién salida del horno de la pubertad y con un cuerpo que ya prometía ser un manjar para los que gustan de jovencitas calientes. Un día, mientras estábamos solos en casa, no pude contenerme más y decidí dar el paso hacia lo prohibido.

Me acerqué sigilosamente a ella mientras veía videos de jariosas online en su teléfono, totalmente ajena a mis intenciones. Con una mano temblorosa, posé mis dedos en su cintura y pude sentir cómo se estremecía ante mi contacto. Sin mediar palabra, la giré bruscamente y la atraje hacia mí, pegando mi verga contra su culo con fuerza. Ella soltó un gemido de sorpresa y excitación, lo que me indicó que estaba lista para lo que vendría a continuación.

Con una mirada lujuriosa, le susurré al oído lo mucho que deseaba cogerme a esa retaguardia tan deliciosa que se marcaba bajo su ajustado pantalón. Sin esperar respuesta, comencé a acariciar sus nalgas por encima de la tela, sintiendo el calor que desprendían y la humedad que comenzaba a acumularse entre mis piernas. Ella se mordió el labio inferior, un gesto que me indicó que mi prima también estaba deseosa de explorar territorios prohibidos.

De un tirón, bajé su pantalón hasta los tobillos y me encontré con su tanga de encaje blanco, apenas cubriendo esa concha jugosa que tanto ansiaba probar. Sin embargo, antes de ir directo al grano, decidí darle una pequeña muestra de lo que estaba por venir. Me arrodillé detrás de ella y comencé a lamer sus nalgas con avidez, sintiendo el sabor salado de su piel y escuchando sus gemidos de placer que se mezclaban con el sonido de los videos de jariosas que seguían reproduciéndose en su teléfono.

Entre lamida y lamida, me deleité con el espectáculo que se presentaba ante mis ojos: aquel culo perfecto que parecía haber sido esculpido por los dioses del sexo. No pude resistir la tentación y deslicé mi lengua hasta su ano, provocando un gemido aún más intenso por parte de mi prima, quien se inclinó hacia adelante en busca de más placer. Con una mano, separé sus nalgas y con la otra comencé a introducir mi lengua en su culo, explorando cada rincón con ansias de desatar su lado más salvaje.

Fue en ese momento que sentí su mano agarrando mi verga por sobre el pantalón, indicándome que ya era hora de pasar a la siguiente fase. Me puse de pie y me deshice de toda mi ropa en cuestión de segundos, dejando al descubierto mi dura pija que apuntaba directamente hacia ella. Mi prima se giró hacia mí, con una expresión de deseo en su rostro que me indicaba que estaba lista para recibir mi embestida sin ninguna clase de contemplaciones.

Sin más preámbulos, la empujé hacia el sofá y me coloqué entre sus piernas abiertas, listo para penetrarla hasta lo más profundo. Con un solo movimiento, introduje mi verga en su concha húmeda y caliente, sintiendo cómo me envolvía con una presión deliciosa que me hacía gemir de placer. Comencé a cogerla con fuerza, embistiendo una y otra vez mientras sus gemidos se unían a los sonidos de los videos de jariosas que aún resonaban en la habitación.

Mi prima arqueaba la espalda y se aferraba con fuerza al sofá, entregándose por completo al placer que le estaba proporcionando. Cada embestida era recibida con un gemido más intenso que el anterior, indicándome que estaba disfrutando como nunca antes lo había hecho. No tardé en sentir cómo su concha se contraía alrededor de mi verga, señal de que se acercaba al orgasmo y de que yo no estaba muy lejos de alcanzarlo también.

Decidí cambiar de posición y la puse a cuatro patas, ofreciéndome su culo en pompa y listo para ser penetrado de la manera más salvaje. Sin pensarlo dos veces, me abalancé sobre ella y comencé a culearla con fuerza, sintiendo cómo mi verga se abría paso entre sus nalgas y se adentraba en lo más profundo de su ser. Los sonidos de nuestros cuerpos chocando se mezclaban con sus gemidos y mis gruñidos de placer, creando una sinfonía de lujuria que parecía no tener fin.

Cada embestida era recibida con un gemido de placer por parte de mi prima, quien se entregaba por completo a la pasión desenfrenada que estábamos experimentando. Mis manos agarraban con fuerza sus caderas, marcando el ritmo frenético con el que la estaba culeando, mientras ella se retorcía de placer bajo mis embestidas. El sudor resbalaba por nuestros cuerpos desnudos, mezclándose con nuestros fluidos y creando una atmósfera de deseo incontrolable.

No pude contenerme más y sentí cómo el orgasmo se aproximaba a pasos agigantados. Con un último esfuerzo, aumenté la intensidad de mis embestidas y sentí cómo mi verga explotaba dentro de su culo, liberando una venida intensa que la hizo gemir de placer. Mi prima también llegó al clímax en ese mismo instante, convulsionando de placer y dejando escapar gemidos incontrolables que resonaron en toda la habitación.

Nos quedamos tendidos en el sofá, exhaustos y empapados en sudor, disfrutando del éxtasis que nos había invadido. Miré a mi prima y supe que esta experiencia nos había unido de una manera que nunca hubiera imaginado. ¿Adivinen su edad? Tan solo 18 años, pero con una retaguardia capaz de enloquecer a cualquiera. Sin duda, aquella tarde había sido solo el comienzo de algo mucho más intenso y placentero que nos esperaba en el futuro.

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