Le dice a la chavala que se ponga en cuatro y ella acata

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La habitación estaba impregnada de un olor a sexo y deseo, con la luz tenue de una lámpara que titilaba en una esquina. Él, un hombre fornido con una verga descomunal entre las piernas, le ordenó a la chavala que se pusiera en cuatro. La joven, con unos shorts ajustados y unas tetas que apenas cabían en su top, obedeció sin rechistar.

«Así que eres de las jariosas xxx que les gusta que las dominen, ¿eh?», le susurró al oído mientras acariciaba su trasero con rudeza. Ella gemía, excitada por la dominancia de su amante casual. Él no estaba interesado en preliminares, quería cogerla duro y sin contemplaciones.

Se acercó por detrás, sintiendo la humedad entre sus piernas al ver el culo de la chica en posición de sumisión. Sin mediar palabra, separó sus nalgas y hundió su verga en lo más profundo de su concha. La penetración fue intensa, como una embestida salvaje que la hizo jadear de placer.

«¡Sí! ¡Cogeme como la puta que soy!», gritó la joven, mientras él seguía embistiéndola con fuerza. Los sonidos de la carne chocando resonaban en la habitación, mezclados con los gemidos y los insultos que él le dedicaba sin piedad.

El sudor empezaba a empapar sus cuerpos, resbalando por sus cuerpos desnudos y brillando a la débil luz de la lámpara. Él agarraba con fuerza las caderas de la chica, marcando su territorio con cada embestida. Su verga entraba y salía de ella con una precisión que la tenía al borde del éxtasis.

«¿Te gusta que te culee así, eh, zorra?», le preguntó entre jadeos, disfrutando de la vista de su piel enrojecida y su pelo revuelto. La chica asintió, incapaz de articular palabra por la intensidad de las embestidas que la tenían en un estado de puro placer.

De repente, él decidió cambiar de posición. Sacó su pija de su concha y la llevó hacia su culo, sin previo aviso. La joven soltó un gemido de sorpresa y anticipación, sintiendo la punta de su verga presionando su ano. Sin mediar palabras, la penetró con fuerza, desgarrando su resistencia y abriéndose paso en su interior.

Ella gritó de dolor y placer al mismo tiempo, sintiendo una mezcla de sensaciones que la volvían loca. Él seguía culeándola sin piedad, disfrutando del estrecho calor de su culo y la sumisión que manifestaba en cada gemido que escapaba de sus labios entreabiertos.

El sexo anal continuaba, con cada embestida llevándolos más cerca del límite. La habitación resonaba con los sonidos de la cogida desenfrenada, con el olor a sexo impregnando el aire de manera casi palpable.

Finalmente, él sintió que el momento de la venida se acercaba. Sacó su verga de su culo y la colocó frente a su rostro. «¡Mamala, puta! ¡Quiero que sientas mi semen en tu boca!», le ordenó con voz ronca y autoritaria.

La chica, sumisa y ansiosa por satisfacer a su amante, abrió la boca de par en par y comenzó a mamar su pija con ansias. Él gemía de placer, sintiendo cómo su venida se acercaba cada vez más, con la imagen de la joven mamando su verga grabada en su mente para siempre.

Finalmente, no pudo contenerse más y eyaculó con fuerza en la boca de la chica, llenándola de semen caliente y espeso. Ella tragó con avidez, saboreando el sabor salado de su esencia mientras él gemía de placer, satisfecho con la sumisión de su compañera de juegos sexuales.

Así terminó aquella noche de pasión desenfrenada, con los dos exhaustos y satisfechos, sabiendo que habían explorado los límites de su deseo y encontrado el éxtasis en los brazos del otro. Juntos, se durmieron en un abrazo, listos para seguir explorando su sensualidad sin límites ni tabúes.

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