Morrita colegiala aprueba química con el profe en acción

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La morrita colegiala, con su faldita a cuadros y sus calcetas hasta la rodilla, se encontraba en la oficina del profesor de química. Ella sabía que su nota estaba al borde del suspenso, pero estaba dispuesta a todo por aprobar. El profe, un tipo cuarentón con cara de pervertido, le dijo que debía hacer algo para mejorar su calificación. La morrita, jugando con su coletita nerviosa, preguntó qué podía hacer para pasar el examen.

El profesor, con una sonrisa lasciva, se acercó a ella y le dijo al oído: «Tienes que hacer lo que te diga, ¿entendido?». La morrita asintió, sintiendo una mezcla de excitación y miedo. El profe comenzó a acariciar sus muslos, subiendo lentamente hacia su entrepierna. La morrita, sintiendo sus dedos traviesos, soltó un gemido suave. El profe le ordenó que se arrodillara y sacara su verga dura, lista para ser mamada.

La morrita, obediente, bajó el cierre de los pantalones del profe y liberó su pija ansiosa. Comenzó a mamar con desesperación, sintiendo el sabor salado de su piel. El profe gemía de placer, agarrando con fuerza el cabello de la morrita. Mientras ella lo mamaba, él le decía lo buena que era chupando, llamándola «putita» y «zorra». La morrita, con la boca llena de verga, solo podía gemir y seguir mamando con pasión.

Después de un rato de mamada intensa, el profe levantó a la morrita y la recostó sobre su escritorio. Le levantó la falda, dejando al descubierto su tanga mojada. Sin decir una palabra, el profe comenzó a lamer su concha, sintiendo cómo ella se retorcía de placer. La morrita, gimiendo y arqueando la espalda, pedía más y más. El profe, con su lengua hábil, la hacía gemir de placer una y otra vez.

La morrita, sintiendo que estaba a punto de llegar al orgasmo, rogó al profe que la cogiera. Él, sin hacer esperar, sacó su verga y la penetró de un solo golpe. La morrita gimió de placer, sintiendo cada centímetro de pija dentro de ella. El profe la cogía con fuerza, embistiéndola sin piedad. Ella arañaba su espalda, pidiendo más y más. La oficina resonaba con los gemidos y los golpes de sus cuerpos sudorosos.

El profe, sintiendo que no podía contenerse más, sacó su verga y le pidió a la morrita que se pusiera en cuatro. Ella obedeció, arqueando su culo provocativamente. El profe, con una lujuria desenfrenada, la penetró por detrás. La morrita gritaba de placer, sintiendo cómo su culo era invadido por esa verga dura y gruesa. El profe la cogía con fuerza, dando nalgadas y llamándola «putita sumisa».

La morrita, en un estado de éxtasis total, pedía más y más. El profe, sintiendo que no podía aguantar más, le anunció que se iba a venir. La morrita, deseosa de sentir su venida, apretó su concha y pidió que le llenara de semen. El profe, con un gemido gutural, se corrió dentro de ella, sintiendo cómo su leche caliente llenaba su interior. Ambos alcanzaron el clímax, exhaustos y satisfechos.

Después de ese encuentro salvaje, la morrita se vistió rápidamente y salió de la oficina del profe. Caminaba por los pasillos de la escuela con una sonrisa de satisfacción en el rostro. Sabía que había aprobado química con creces, gracias a su desempeño en la «extraclase» con el profesor. Desde ese día, cada vez que veía al profe en los pasillos, le lanzaba una mirada cómplice y traviesa, recordando aquel momento de pasión desenfrenada.

Y así, la morrita colegiala siguió su vida escolar con una nueva confianza en sí misma, sabiendo que era capaz de conseguir lo que quisiera. Y el profe, por su parte, nunca volvió a ver a una alumna de la misma manera, recordando siempre a aquella morrita jariosas porno que lo dejó sin aliento en su oficina.

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